Teología Aplicada

Si Dios es omnipotente, benévolo y lo sabe todo ¿Por qué existe el mal?

Si Dios es omnipotente, benévolo y lo sabe todo ¿Por qué existe el mal?

Esta es tal vez una de las preguntas más difíciles de digerir en todo el pensamiento cristiano. En primer lugar, tenemos que ser contundentes: no hay razón alguna para que el mal exista, no hay justificación para su presencia. ¿Y quién lo dice? Sencillo: Dios mismo. La biblia dice que cuando Dios creo el mundo todo era bueno en gran manera (Génesis 1), todo era perfecto y había una armonía entre todos los elementos y seres vivos. Sin embargo, en Génesis 3 se nos ilustra que en medio de huerto de Edén había un árbol del Conocimiento del Bien y el Mal. Dios les dijo a Adán y Eva que de todo fruto del huerto podían comer menos de este.

Aquí entonces surge una pregunta ¿Qué necesidad había de poner un árbol que surgiera como “tentación” para la joven pareja? Bueno, la biblia dice que antes de la creación del mundo hubo en el cielo un ser admirable y hermoso llamado Lucero de la Mañana (Isaías 14:12-15 y Ezequiel 28:14-16) que comandaba las huestes angelicales. Su belleza no tenía comparación entre todos los seres creados, estaba en la misma presencia de Dios día y noche. Sin embargo, el relato bíblico nos dice que en un momento toda esa hermosura y grandeza se convirtió en el combustible necesario para que este ser decidiera revelarse contra Dios.

Nuevamente tenemos un problema mayor. Es decir que en últimas la culpa de que este ser albergara la iniquidad en su corazón es culpa de Dios, ya que fue Dios quien lo creo perfecto y le dio la belleza y rango que posteriormente lo llevo a rebelarse contra Dios. Esta es la conclusión a la que desprevenidamente podemos llegar. Sin embargo, el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal nos revela quien es Dios. ¿Por qué? Bueno la escritura nos dice que este ser deseaba se igual a Dios (Isaías 14:13), anhelaba ocupar el trono de Dios. Y cuando Eva se apartó de su esposo y se acercó al árbol del conocimiento del bien y del mal la serpiente que era “astuta” le dijo “Con que Dios ha dicho que no comas de ningún fruto del huerto”. La pregunta de la serpiente es tendenciosa, llena de veneno. Dios había dicho que podían comer de todo fruto menos de uno, la serpiente ahora decía que no podían comer de ningún fruto del huerto.

Hagamos una pausa. Recapitulemos. En primer lugar, el universo era perfecto hasta que un ser tomo la decisión de ser igual a Dios. En segundo lugar, Dios creo un mundo perfecto y planto un huerto llamado Edén, allí puso a Adán y Eva para que lo cultivaran, lo cuidaran y se multiplicaran. Tercero, en ese huerto Dios puso un árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. ¿Por qué estaba ese árbol ahí? Porque la escritura dice que ese ser que se revelo contra Dios (Apocalipsis 13) llamado Satanás, Diablo o Serpiente Antigua estaba en abierta guerra contra Dios. Y la tierra se convirtió en el campo de batalla de esa disputa interestelar entre Dios y Satanás.

Teniendo esta claridad, volvamos al relato bíblico. Desafortunadamente Eva decidió escuchar la Serpiente, su ofrecimiento de ser semejantes a Dios (Génesis 3:4-5) y de una vida eterna fue tremendamente seductora. Tomo el fruto y junto con Adán se rebelaron contra Dios. El resultado: Fueron expulsados del huerto y de ahora en adelante un nuevo huésped haría parte del día a día de la humanidad: La muerte.

Ahora tenemos claro que el mal existe porque un ser perfecto decidió ser igual a Dios y usurpar el trono de Dios. También tenemos claro que ese ser engaño a Adán y Eva y los arrastro en su rebelión contra Dios. Y que producto de la desobediencia de Adán y Eva el mundo perdió su perfección original y la muerte se convirtió en el factor común de la existencia de todas las formas de vida de este planeta.

De nuevo tenemos un culebrón: ¿Quién creo a la Serpiente? ¿Quién creo a Adán y a Eva? Pues Dios, entonces nuevamente lo primero que se nos viene a la cabeza es que la culpa de todo al fin de cuentas es de Dios. Cuando Dios llamo a Adán y le pregunto si había comido del fruto él le echó la culpa a Eva y luego Eva culpo a la serpiente. En últimas estaba diciendo: Dios la culpa es tuya. Adán pensó: “Dios ¿para qué creaste a Eva si ella iba a ser engañada por la serpiente? Eva pensó: “Dios ¿Por qué creaste a la serpiente si me iba a engañar? Esa ha sido nuestra primera reacción ante el dolor y sufrimiento: culpar a los demás, en especial a Dios.

Los hechos nos dicen que había una guerra cósmica entre Dios y Satanás. Los argumentos del ángel descarriado son que Dios es injusto y que su ley es imposible de ser guardada y que lo único que produce es esclavitud (Job 1). Y esta tierra debía decidir a quién iba a escoger en este conflicto. La decisión fue la errónea. El mal existe, no hay una explicación lógica. Simplemente un ser que lo tenía todo decidió que quería más, que merecía más y que el trono de Dios era el lugar que le correspondía: el orgullo, la envidia, los celos, la avaricia, la mentira y el odio nacieron para traer dolor al universo desde entonces. El mal existe porque Dios nos da la oportunidad de escoger, la opción de decidir. No nos obliga a que le obedezcamos.

Nos creó para que fuéramos felices. Pero nuestros padres (Adán y Eva) al igual que Satanás desearon ser semejantes a Dios, aunque los primeros engañados. Satanás al contrario ha sido consiente de los resultados de su rebelión. Y el resultado de ese engaño es que el mundo desde entonces ha sido envuelto por el orgullo, la envidia, los celos, la avaricia, la mentira y el odio. El culpable final: la decisión de Satanás de ser igual y usurpar el trono de Dios y de usar todos los medios posibles para conseguir su objetivo. Sin embargo, como relata apocalipsis 13 su derrota fue total. Y su condena inminente, tuvo la oportunidad de arrepentirse, pero decidió que iría hasta las últimas consecuencias sin importar cuanto dolor fuera a causar.

Y esa es la encrucijada en la que estamos los seremos humanos hoy. El mundo está lleno de llanto y mucho dolor a causa de nuestra rebelión a los mandatos divinos. Dios dice “no codiciaras”, pero al igual que Satanás muchos decidimos ir en contra del mandato divino y llenamos nuestros corazones de codicia y así todos los males del mundo surgen. Asesinatos, engaños, mentiras, violaciones, y cuantas más cosas que producen profundo dolor son el factor común del actuar de la humanidad. Nuevamente ¿Por qué? Porque pensamos que somos más listos que Dios y al igual que Satanás creemos que nosotros tenemos un plan mejor. Si nuestro vecino tiene un carro mejor que el nuestro, o una casa más hermosa que la nuestra o su esposa es más hermosa que la nuestra. Entonces decidimos como Satanás obtener eso que codiciamos a cualquier precio. El resultado: mucho dolor y un sufrimiento indecible e invivible. ¿Cómo un padre puede causar daño a su hija y arruinar su vida? ¿Cómo un esposo puede dañar a su esposa engañándola? ¿Cómo alguien puede matar a su prójimo para despojarlo de sus posesiones? ¿Cómo un hijo decide traer dolor a sus seres queridos con sus prácticas sexuales descontroladas y antinaturales?

Todas estas acciones macabras y abominables son resultado de la influencia de Satanás en los seres humanos. Nos guste o no, esa es la realidad. Y lo más triste es que muchos de nosotros parece que disfrutamos siendo esclavos de un ser que lo único que desea es nuestra destrucción eterna. Es una tragedia sin igual. El mal existe porque un ser decidió llenar su corazón de orgullo, envidia, celos, avaricia, mentira y odio. Y ahora su influencia destruye nuestro mundo.

Pero hay esperanza. Juan 3:16 dice que Dios amo tanto al mundo que dio a su Hijo para que por medio de su sacrificio la deuda fuera saldada y la justicia tuviera lugar para que la gracia abundará y pudiéramos librarnos de una vez por todas de ese ser nefasto que solo procura nuestra destrucción.

De nosotros depende cual será el destino de nuestras vidas. De un lado tenemos un panorama lleno de dolor, sufrimiento y angustia total. De otro lado tenemos un panorama de vida, gozo y paz. De nosotros depende que presente y futuro queremos vivir. Con Satanás solo nos espera dolor. Con Cristo nos espera un presente y futuro lleno de vida en abundancia. Yo he tomado mi decisión: Seguir a Cristo hasta el fin de mis días y cada día me lleno de motivos para afirmar esta decisión. ¿Qué decides tú?

¿Quienes somos?

Somos ciudadanos que creemos que todos tenemos el derecho natura a la libertad, libertad de culto, libertad de expresión, libertad de credo, libertad de oficio y todas las demás libertades individuales que han sido producto de la Reforma Protestante. Y deseamos por este medio difundir el pensamiento protestante con el ánimo de fomentar el estudio y la discusión basada en argumentos que eleve el debate sobre aspectos que consideramos relevantes. Si quiere contactarnos puede hacerlo al correo contacto@minmaranataha.org