Opinión

En memoria de un amigo: David

En memoria de un amigo: David

Durante nuestro trasegar por esta existencia tenemos la fortuna de conocer a un sin número de seres humanos, tenemos la fortuna de disfrutar de la diversidad propia de la vida, conocemos diversidad de seres, caracteres, sentimientos, razones, expresiones que dan forma a la existencia y singularidad de cada ser humano.

En ese proceso, como ya he dicho, entramos en contacto con un sin numero de personas, con la inmensa mayoría no existen afinidades que nos unan, por eso guardamos pocos recuerdos de estos contactos esporádicos que no trascienden en nuestra existencia. Con otros tantos, muy reducidos, compartimos al menos un interés, un gusto, un placer y con ese solo elemento de concordia construimos amistades que duran años. Pero, existen momentos únicos en la vida, donde la fortuna nos asombra y deja huella en nuestra memoria, momentos en los que en medio de tanta diversidad podemos encontrar a alguien con quien compartiremos más de un elemento de afinidad, y esas son las amistades que nacen para perdurar por toda la vida. E insisto, es toda una fortuna poder encontrar a alguien, a parte de la compañera de toda la vida, con quien podamos construir amistades profundas que llegan a convertirse en hermanos.

En mi caso tuve esa fortuna. Por allá en el año 2011 conocí a un tal David Novoa. En principio no había nada que nos uniera, por el contrario, todo parecía que estábamos condenados al rechazo porque en mi muy particular manera de ser es difícil que alguien a primera vista establezca un trato cercano conmigo. David, como siempre fue su característica, un hombre como llamamos por estos lares “entralon”, dio el primer paso, la verdad no recuerdo mucho el momento, pero si se que la fortuna nos ilumino. A David y a mi nos unió las dos principales razones por las que los seres humanos se odian hasta la muerte: la religión y la política. ¡Oh que fortuna! Lo que separa a los hombres nos unió como hermanos. David y yo congeniamos de inmediato porque ambos tenemos la misma visión política de vida, ambos creemos en la justicia, en la equidad, en la honestidad, en resumen, creemos en el bienestar general. Y como lo que nos unió políticamente es tan transcendental y raya en la utopía de la existencia, nos unió también la certeza de una verdad absoluta: Cristo Jesús.

Muchas fueron nuestras conversaciones y discusiones, de paso creo que en los últimos años he hablado más con David que con mi esposa, sagradamente a la semana al menos una o dos veces nos reunimos a hablar de la vida, de lo divino y de lo humano, a despotricar y construir. Nos unió la política y la religión. Nuestra casi irracional fe en el adventismo fue objeto de debate y discusiones profundas, los escritos de la señora EGW, su papel, su origen el uso que debe dárseles, su importancia fueron nuestras primeras discusiones. David, muy a pesar de sus limitaciones académicas, gozó de un pensamiento agudo, crítico y perspicaz. Tal vez no estudio la mayéutica ni el pensamiento hegeliano, pero la vida le enseño a pensar de esta forma. David todo lo cuestionaba, por eso me encantaba hablar con él, porque cada conversación era un desafío. No “tragaba” entero, el necesitaba razones, explicaciones profundas y complejas que no dejaran espacio para la duda. 

Hoy, en esta celebración a su existencia y memoria, quiero compartir con ustedes sus más cercanos familiares y amigos los dos sueños que tuvimos en común con David y por los cuales trabajamos justos, sumamos esfuerzos, invertimos nuestros recursos y a los cuales yo seguiré aportando todo lo que tenga. David estaba convencido que la solución a los problemas del país está a nuestro alcance, muchas veces concluimos que nuestro error como sociedad es que estamos esperando que un falso mesías venga a resolvernos los dos más graves problemas que tenemos: la corrupción rampante y su amigo entrañable, el narcotráfico. Con David soñamos un país basado en la honestidad, en la justicia, en la equidad, en el buen trato, en la misericordia y en el bien supremo de toda sociedad: la paz. David creyó firmemente en que la solución política a los problemas de país soy yo, nadie más. Así que hoy los invito a honrar la memoria de David por medio de sus acciones, sean honestos, sean probos, sean justos, sean equitativos, sean conciliadores, procuren el bien de los demás, sean misericordiosos, pónganse en el lugar del otro preferiblemente del más desprotegido. David creyó en las bondades de la educación, el tal vez no tuvo esa oportunidad, pero aprovecho el momento para que ustedes aprovechen este momento de sus vidas para formarse, nunca se es viejo para aprender. Bien lo dice mi papa: ¿Qué pesa más, un lápiz o una pala? En la vida hay dos tipos de personas, como los caballos, o se es de carga o se es de silla. Hoy más que nunca necesitamos que usted y yo asumamos nuestra responsabilidad ciudadana y por medio de la transformación política personal podamos darle a este país y a nuestros hijos un mejor futuro. Un futuro donde el bienestar general sea la máxima consigna sin debilitar y al contrario fortalecer de esta forma las libertades individuales.

Pero este no era el principal sueño de David, tenía uno mayor, tanto que el día que entro a la UCI me escribió: “Betico, si me toca la otra cara de la moneda, Él es fuerte para guardar mi deposito. Yo ya estoy a cuentas con el Señor”. Ese fue su sueño, estar listo y preparado para la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo. Y aquí quiero tomarme un momento más, porque este es el verdadero sueño que nos unió, y hoy quiero pedirles que abracen ese sueño también. Porque a mi amigo David, en el momento más angustioso de la vida fue lo único que le dio paz y seguridad para enfrentar a ese enemigo implacable que pronto será derrotado para siempre, a saber, la muerte.

Al respecto, creo que fue de lo que más hablamos en nuestra vida. Muchas veces discutimos del caos que vive nuestra iglesia, muchas fueron las veces que mi amigo me expuso su preocupación profunda acerca de quienes ejercían el liderazgo de nuestra amada iglesia. Y la conclusión, siempre fue la misma, el problema no se reduce únicamente a quienes tiene posiciones de liderazgo, en buena medida el problema somos nosotros que con nuestra apatía permitimos que ellos hagan y deshagan. Hoy les invito a que asuman el liderazgo de sus iglesias. El cristianismo está en crisis, los jóvenes ya no creen en Dios y no les culpo, como decíamos con David, les hemos dado los mejores argumentos para no creer en Dios: nuestro pusilánime testimonio. Ya nadie cree en el matrimonio, los jóvenes ya no se casan, las niñas ya no sueñan ese día. Nadie cree en la familia, e insisto, la culpa es nuestra porque con nuestro ejemplo les hemos dado las mejores razones para no creer en la familia y en el sagrado vinculo del matrimonio.

Con David estuvimos convencidos que los desafíos que afronta nuestra iglesia no serán resueltos por los medios tradicionales. La solución de nuevo está en nuestras manos, no podemos seguir esperando que pastores, ancianos y demás líderes funjan como mesías y arreglen todo lo que creemos que está mal. No, con David creímos e hicimos lo que se debe hacer: cada uno tome su espada y haga lo que tiene que hacer. Hoy debemos asumir nuestro rol de sacerdotes, de mensajeros del reino de Dios, de profetas. Cada uno debe ser un faro que brille y exalte por medio de su testimonio a la sagrada persona de Nuestro Señor Jesucristo. Basta ya de las quejas y de las críticas, necesitamos más acción. Urge que cada creyente se unza del Espíritu Santo y como Elías denuncie los pecados del pueblo y los lleve al monte Carmelo para que conozcan quien es Dios y tomen una decisión. 

Yo quiero encontrarme de nuevo con David y continuar con las conversaciones que nos quedaron pendientes. Pero si quiero que esto ocurra, yo debo hacer más para que Cristo regrese de una buena vez por todas y porga fin a este caos insufrible que llamamos existencia. Yo quiero estar con David en el reino de los cielos. Si queremos honrar la memoria de David debemos trabajar sin descanso para que la obra de predicar el evangelio a todo el mundo sea una realidad en el hoy y en el ahora. Todos aquí sabemos lo que tenemos que hacer, todos aquí sabemos como podemos contribuir. Pero con tristeza diré que muchos olvidarán este sueño de David, a pesar de que hoy están llorando su partida. Les insto a que su memoria no quede en el olvido, David cuando vuelva a abrir sus ojos verá a su Salvador cara a cara. El problema es ahora de nosotros ¿Estaremos con David en la mañana gloriosa?

Repito las últimas palabras que pude recibir de David: “Betico, si me toca la otra cara de la moneda, Él es fuerte para guardar mi deposito. Yo ya estoy a cuentas con el Señor”. Yo quiero tener esa misma certeza, y los invito a ustedes nuevamente, si a usted, el amigo, la amiga, el hermano, la hermana, la mama, la tía, el tío, el cercano, a todos los aquí presentes los exhortó a abrazar la misma fe de nuestro querido y apreciado David.

Johanita, da gracias a Dios por la oportunidad de compartir todo con David; Andrés, tu eres el primogénito, asume el liderazgo espiritual de tu papá. El no tuvo las mejores oportunidades, pero las pocas o únicas que tuvo las aprovecho al máximo. Ahora es tu turno de continuar con el legado de David, se un mensajero de paz. Sarita, tu eras la niña de los ojos de tu papá, ningún hombre te amará como lo hizo tu papá, así que cuando tengas edad de seleccionar al hombre que te acompañe procura que pueda llegar a amarte como tu papá. Mientras ese día llega prepárate, estudia, se la mejor, date tu lugar y que ninguna baboso se aproveche de ti. Eres fuerte, no temas, pronto volverás a ver a tu papá. Mati, eres un pequeño niño, tal vez no alcances a comprender todo lo que pasa. Pero ahora necesitas ser un gigante, sigue siendo la alegría de casa, sueña en grande, se conforme al corazón de Dios. La vida es un suspiro querida familia, estemos quietos y veamos la salvación de Dios. Pronto veremos de nuevo a David.

Por último, amigos, familiares y demás conocidos aquí presentes. Jamás olviden que mi amigo David descansó confiando en que cuando despierte del sueño de la muerte, lo primero que verá, será el rostro de Nuestro Señor Jesucristo. El descanso con esa certeza, descanso en paz. Ahora el problema es para nosotros que seguimos con vida. ¿Estamos listos? Mi amigo lo estaba. Honren su memoria siguiendo sus pasos. Y de nuevo, como hace unos años cuando tuve este mismo rol en el sepelio de mi abuela paterna, les repito a todos: ¡MARANATHA! ¡CRISTO VIENE!


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