Teología Aplicada

Si Dios es amor ¿porque no acepta los homosexuales?

Si Dios es amor ¿porque no acepta los homosexuales?

La pregunta parte de una duda razonable hacia el amor de Dios. Aquí es importante aclarar que enseña la Biblia acerca del amor de Dios. El mejor ejemplo que encuentro en la Biblia es el caso de la mujer adultera que fue llevada a los pies de Jesús para ser condenada a muerte (Juan 8:2-11). Esta mujer era acusada de prostitución, un delito que en su época se pagaba con la vida misma. Lo interesante del relato es que los hombres religiosos de su época solo llevaron ante Jesús a la mujer, el hombre fue excusado convenientemente. Allí Jesús les dijo a los acusadores de esta desafortunada mujer que quien estuviera libre de pecado podía lanzar la primera piedra, dicho esto Jesús se acurrucó y empezó a escribir en la tierra. Los hombres al verse denunciados públicamente de sus pecados se marcharon hasta que la mujer quedo sola. En ese momento Jesús le pregunta “¿Dónde están los que te acusan? ¿Ninguno te condenó?” a lo que la mujer responde “Ninguno”. Y es en ese momento en que Jesús le dice “Ni yo te condeno, vete y no peques más”. Esta es una muestra de lo que es el amor de Dios. No es como igual a lo que nosotros llamamos amor, nuestro amor es condicional, es resultado de una transacción, es una respuesta a un estimulo. Sin embargo, el amor de Dios es incondicional, no espera nada a cambio, se ofrece sin motivo o razón alguna.

El amor de Dios es incomprensible al entender humano. Por ejemplo, Jesús dijo “Nadie tiene mayor amor que alguien que da la vida por sus semejantes” (Juan 15:13), también dijo “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado su Hijo unigénito para que todo aquel que en el crea no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16). El amor de Dios es universal, es capaz de perder hasta vida misma con tal de que su amor sea una realidad en la vida de sus criaturas. De paso, la vida de Jesús es la mayor expresión del amor de Dios. Jesús dijo que había venido a buscar a sus ovejas perdidas, que había venido a salvar a pecadores. Su trato siempre fue con los marginados: mujeres, prostitutas, ladrones, publicados, pobres, vagabundos, leprosos, ciegos, viudas, desposeídos y la lista continua… Así que lo que primero que debemos dejar claro es que Dios ama a todos los seres humanos sin hacer ningún tipo de excepción. En su época las personas más desagradables de la sociedad judía eran las prostitutas y los publicanos. Y fue a ellos de quienes Jesús dijo “las prostitutas y publicanos van delante de vosotros al Reino de los cielos” (Mateo 21:31). ¿Pero como Jesús fue capaz de decir eso? Bueno, porque como él mismo dijo “al que se le perdona mucho, mucho ama. Al que poco se le perdona, poco ama” (Lucas 7:47).

Aquí es necesario hacer un alto. Jesús dijo esto porque nos quería dejar claro que la salvación y el amor de Dios hacia nosotros no depende de lo que hagamos, el nos ama desde el principio. Si le obedecemos es porque se da como una respuesta natural a ese amor tan grande que no puede expresarse de otra forma en la vida de un ser humano que imitar al que tanto nos ama. Sin embargo, para quienes deciden invertir la ecuación, es decir, tratar de amar a Dios por sus propios medios lo único que les espera es tristeza y una vida miserable. Entonces podemos afirmar que Dios ama a los homosexuales, a pesar de. Los ama, punto. No podemos explicar ese amor, es un misterio.

Ahora bien, la pregunta ¿por qué Dios no acepta a los homosexuales? Parte de un prejuicio nuestro, nosotros no los aceptamos, pero ese hecho no significa que Dios no los acepta. Así como Jesús mostró amor y misericordia hacia la desdichada prostituta, un desagradable ser humano que no merecía ningún trato digno, de esa misma forma Dios ama a los homosexuales. Ahora bien ¿acepta su pecado y les dice: sigan viviendo así? En ninguna manera. Dios ama al pecador, pero aborrece el pecado. Allí esta la diferencia y es donde muchos nos desorientamos.

La escritura es muy clara al afirmar “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios” (1 Corintios 6:9-10). Este listado de “pecados” se repite de forma similar en otras secciones de la Biblia (Efesios 5:5 y Apocalipsis 22:15). Sin embargo, nuestra idiotez nos ha llevado a creer que existen pecados menos graves que otros. Los cristianos hoy denunciamos la ideología de genero, pero nos callamos ante la avaricia, la mentira, la estafa, las borracheras, y la lista sigue. Para Dios estos comportamientos son inaceptables, sin embargo, nos hemos ensañado con los más débiles: los homosexuales. ¿Acaso Jesús no murió por ellos también? Y aun más ¿Acaso nosotros, que somos mentirosos, avaros, asesinos, adúlteros no necesitamos el perdón transformador que nos ofrece la gracia Divina?

Hoy nos resulta fácil señalar a los homosexuales como en antaño lo hicieron los hombres religiosos con las prostitutas y los publicanos. Pero nos resulta cómodo convivir con la mentira, el engaño, el odio, la avaricia y todos esos pecados socialmente aceptados. La escritura es contundente: así como los homosexuales no heredarán el reino de los cielos si no se entregan a Cristo, los mentirosos, los peleones, los avaros, los asesinos, los borrachos, y demás tampoco lo harán.

Retomemos la historia de la prostituta, Jesús le ofreció el perdón a pesar de que ella no lo merecía a entender humano. Hoy al entender de muchos, los homosexuales tampoco merecen el favor Divino. Pero muy a su pesar, hoy Jesús podría decir: “Los homosexuales van delante de vosotros al reino de los cielos”. Dios nos ama y espera transformar nuestros caracteres, espera que podamos ser embajadores suyos. Bien dijo Gandhi cuando le preguntaron por el cristianismo: “Si solo tuviera que afrontar entonces el Sermón de la Montaña y mi propia interpretación de él, yo no vacilaría en decir ‘Oh, sí, soy cristiano’. Pero, en un sentido negativo, puedo decirles que gran parte de lo que sucede en el cristianismo es una negación del Sermón de la Montaña”.

Dios ama a los homosexuales y les ofrece su salvación, desea ofrecerles una vida mejor. Al igual que no la ofrece a nosotros. Todos somos iguales ante los ojos de Dios, todos necesitamos de la salvación. Porque todos somos en cierta medida miembros del infortunado grupo de personas de 1 Corintios 6:9-10, Efesios 5:5 y Apocalipsis 22:15. Así que ninguno está en condición de lanzar la primera piedra hacia nadie. Solo estamos en la condición de aceptar la maravillosa gracia divina que es capaz de transformar al más perverso de los seres humanos en el mejor embajador de Cristo.

Dios nos pide que seamos imitadores de Cristo (Efesios 5:1 y 2), nos pide que seamos embajadores del ministerio de la reconciliación (2 Corintios 5:11-6:2). No nos pide que nos dediquemos a condenar a nuestros hermanos, nos pide que les mostremos el amor de Dios a través de nuestras vidas. Tenemos la solemne responsabilidad de ser sus embajadores. Dios ama a los homosexuales y no los rechaza. Son nuestras decisiones con las que rechazamos a Dios, el esta siempre con los brazos abiertos, ofreciéndonos su amor transformador. No espera tal cual somos, para hacer de nosotros vasos de honra. Nos resulta difícil entender la lógica divina, es cierto. Pero debemos doblegar nuestro yo. La pregunta que nos debemos hacer ahora es: ¿Qué haría Jesús?

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