Ser fiel es un llamado que exige valor. Truman y Eisenhower fueron aliados, pero la política terminó por enfrentarlos. Durante la campaña de 1952, Eisenhower dejó de defender públicamente a George Marshall, un hombre cercano a ambos, cuando el senador McCarthy lo atacaba. Truman lo sintió como una traición. Años después, su encuentro del 20 de enero de 1953 fue frío: Eisenhower rechazó la invitación de Truman a entrar a la Casa Blanca para tomar café.
“Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida”. —Apocalipsis 2:10
Aquellos eran tiempos de temor al comunismo. Las acusaciones podían destruir el empleo y la reputación de una persona. Defender a un amigo tenía un costo.
“Sé fiel y tus lágrimas Dios enjugará, y al final verás tus sueños hechos realidad”. —Edith Aravena
También hoy podemos dejar «colgado» a quien nos ayudó, apartarnos de un amigo por conveniencia o hablar mal de él para agradar a otros. A veces nos lavamos las manos, como Pilato, y esperamos que alguien más haga lo correcto. La lealtad puede ser incómoda, pero la deslealtad hace daño.
Tenemos compromisos con la familia, los amigos, el trabajo y quienes nos formaron. David y Jonatán conservaron su amistad aun en medio de las dificultades. Sigamos su ejemplo: cuando otros se aparten, acerquémonos. La lealtad se entrega; no se ofrece solo para recibir algo a cambio.