En estas dos últimas lecciones hemos visto un común denominador y es la palabra Ministerio, en los diferentes escritos de Elena De White encontramos que cuando se habla de ministerio se habla de servicio. Enfatizando que el servicio debe realizarse con paciencia, tacto y un amor genuino, integrando la predicación del evangelio con la atención práctica a las necesidades físicas y emocionales de las personas.
El pueblo elegido de Dios debe ser celoso de buenas obras, separarse de toda ambición mundana y caminar humildemente tras las huellas de su Maestro. Libres de egoísmo y orgullo, deben esforzarse por honrar a Dios y hacer progresar su obra en el mundo. Con simpatía y compasión han de atender a los necesitados, tratando de aliviar el dolor de la humanidad sufriente.
Al comprometerse en esta obra, serán ricamente bendecidos y verán almas ganadas para el Redentor. Este trabajo exige un esfuerzo laborioso, pero trae una rica recompensa, porque por él se salvan las almas que perecen.
Todos los que reciben la vida de Cristo están llamados a trabajar por la salvación de sus semejantes. Esta comisión abarca a toda la iglesia, y se aplica a todo aquel que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal. Desde el momento de la conversión, los que reciben a Cristo han de convertirse en la luz del mundo.
Continuemos a hacer esos canales de ayuda y bendición para nuestros prójimos y llevar nuestras vidas diarias como un ministerio al servicio de los demás.
Bendiciones.
El pueblo elegido de Dios debe ser celoso de buenas obras, separarse de toda ambición mundana y caminar humildemente tras las huellas de su Maestro. Libres de egoísmo y orgullo, deben esforzarse por honrar a Dios y hacer progresar su obra en el mundo. Con simpatía y compasión han de atender a los necesitados, tratando de aliviar el dolor de la humanidad sufriente.
Al comprometerse en esta obra, serán ricamente bendecidos y verán almas ganadas para el Redentor. Este trabajo exige un esfuerzo laborioso, pero trae una rica recompensa, porque por él se salvan las almas que perecen.
Todos los que reciben la vida de Cristo están llamados a trabajar por la salvación de sus semejantes. Esta comisión abarca a toda la iglesia, y se aplica a todo aquel que ha aceptado a Cristo como su Salvador personal. Desde el momento de la conversión, los que reciben a Cristo han de convertirse en la luz del mundo.
Continuemos a hacer esos canales de ayuda y bendición para nuestros prójimos y llevar nuestras vidas diarias como un ministerio al servicio de los demás.
Bendiciones.