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Crecimiento Personal

La justicia comienza en casa

Jaime Joseph
Jaime Joseph
Jul 24, 2026 · 2 min de lectura
La justicia comienza en casa
La justicia comienza en casa. Empieza contigo, con las decisiones que tomas cada día y con la persona que decides ser. La integridad, la honradez, la dignidad y el honor no son ideales del pasado; siguen siendo virtudes indispensables para quien desea dejar una huella positiva.

Practicar lo que se predica, hacer negocios con transparencia, tratar bien a las personas y concentrarse en aquello que sí podemos controlar nos permite ser una excepción en un mundo donde muchas veces predominan la injusticia, la arbitrariedad y la corrupción. Cada uno puede elegir vivir bajo un código de conducta recto y justo. Las buenas nuevas se anuncian mejor con los hechos que con las palabras.

La vida de Harry S. Truman es un ejemplo de ello. Antes de llegar a la presidencia de los Estados Unidos acumuló fracasos como comerciante, granjero, cajero y empleado de oficina. No tenía títulos universitarios ni una trayectoria brillante. Sin embargo, cultivó cuatro virtudes fundamentales: moderación, sabiduría, justicia y fortaleza, inspiradas en las enseñanzas de Marco Aurelio y Antonino: “Si no es decoroso, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas.”

Truman era puntual, trabajador, sincero y responsable. Pagaba sus impuestos y sus deudas, cumplía su palabra, rechazaba el lujo innecesario y ayudaba a sus vecinos. En el ejército destacó por su disciplina y por aplicar una justicia firme, pero imparcial. Más tarde, en la política, resistió la corrupción, supervisó personalmente las obras públicas para evitar robos y despilfarros, y siempre buscó el mejor uso de los recursos del Estado.

Su mayor riqueza no fue el poder, sino una conciencia tranquila. Solía decir que podía dormir en paz porque había actuado con rectitud. Recordaba que “una buena reputación y un buen nombre no pueden ser robados”, y vivió convencido de que el honor vale más que cualquier riqueza.

Como creyentes, ese debe ser también nuestro anhelo. Que, al igual que el apóstol Pablo, podamos decir:

“Procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.”
Hechos 24:16

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