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Liderazgo

La ética y la moral no admiten excusas permanentes

Jaime Joseph
Jaime Joseph
Aug 07, 2026 · 3 min de lectura
La ética y la moral no admiten excusas permanentes
Ser responsable es mucho más que cumplir una tarea; es asumir las consecuencias de nuestras decisiones. La ética y la moral no admiten excusas permanentes. Quien siempre busca justificar sus errores termina trasladando su carga a los demás.

“Porque cada uno llevará su propia carga. Gálatas 6:5.

De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.” Romanos 14:12

Existe una historia que marcó la vida del reconocido editor Maxwell Perkins. Mientras nadaba con unos amigos en una laguna de New Hampshire, uno de ellos, llamado Tom, comenzó a ahogarse. Perkins intentó rescatarlo, pero su amigo, desesperado, lo sujetó del cuello y ambos estuvieron a punto de morir. Con gran esfuerzo logró soltarse y alcanzar la orilla. Sin embargo, en lugar de huir, regresó al agua, venció el miedo, rescató a Tom y le salvó la vida. Aquella experiencia transformó su carácter. Desde ese día decidió que jamás huiría de una responsabilidad, aunque implicara riesgos.

“Solo al arriesgarnos podemos hacer de nuestra vida algo mejor; el principal riesgo, y el más difícil de asumir, es ser honestos.” — Walter Anderson

Ese es el principio de la verdadera justicia: hacer lo correcto, incluso cuando cuesta. Muchas veces esperamos que otros resuelvan nuestros problemas, mientras evitamos asumir los propios. Pero la pregunta es inevitable: ¿Pueden contar con nosotros? ¿Hacemos nuestro trabajo con excelencia o solo cumplimos lo mínimo? Nuestras decisiones nunca afectan únicamente nuestra vida; siempre repercuten en quienes nos rodean.

La Estatua de la Libertad, regalo de Francia a los Estados Unidos, simboliza también un compromiso compartido: vivimos en sociedad y heredamos responsabilidades hacia los demás. Sin embargo, hoy parece crecer una cultura donde cada uno piensa únicamente en sí mismo. En muchos gremios profesionales prevalece la competencia antes que la solidaridad. Es común escuchar un simple "no sé", aun cuando sabemos quién puede ayudar. El egoísmo reemplaza la cooperación y la humanidad se debilita.

En contraste, la naturaleza nos da una gran lección. Las leonas, los elefantes y las orcas protegen, enseñan y acompañan a sus crías. Comprenden que el bienestar del grupo depende del compromiso de cada uno. Nosotros también estamos llamados a vivir así.

Alguien preguntó una vez: ¿Cómo puede una persona evadir una responsabilidad sin tener excusas? La respuesta es sencilla: culpando a otros. Esa práctica se ha vuelto frecuente. Hoy buscamos reconocimiento, seguidores y protagonismo, mientras se olvidan valores esenciales como la lealtad, el servicio y el compromiso.

El pastor Edilso Barrera expresó una reflexión que invita a pensar:

“La única organización que abandona a sus heridos en batalla es la iglesia; los demás los recogen.”

Es un llamado a recuperar el cuidado mutuo y la responsabilidad compartida.

La culpa tóxica, el miedo al castigo y el deseo de evitar consecuencias han llevado a muchos a escapar de sus deberes. Sin embargo, no existe una medicina que cure la evasión de la responsabilidad. Ni Pfizer, ni Novartis, ni Roche, ni Bayer, ni MSD fabrican una pastilla para reemplazar el carácter.

La solución sigue siendo la misma: aceptar nuestras responsabilidades, actuar con honestidad y servir a los demás. Al final, Dios no nos preguntará por las excusas que presentamos, sino por la fidelidad con la que cumplimos el deber que puso en nuestras manos.
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