Marco Livio Druso vivió en una Roma marcada por el soborno, la corrupción política, los tribunales manipulados y los intereses de los poderosos. Sin embargo, decidió no dejarse corromper. Se ganó una reputación de integridad, generosidad y defensa de los ciudadanos.
“No hay delito, trampa, engaño ni corrupción que no sobreviva en secreto.” — Joseph Pulitzer
Se cuenta que, cuando un arquitecto le ofreció diseñar su casa para darle mayor privacidad, Druso respondió: “Te pagaré el doble si construyes mi casa de manera que todos puedan ver cómo vivo.”
Libro abierto.
“Dios juzgará los secretos de los hombres por medio de Jesucristo.” — Romanos 2:16
Hoy podemos levantar muros no solamente alrededor de nuestras casas, sino también alrededor de nuestra vida. Ocultamos negocios, ingresos, conflictos de intereses, errores, conversaciones o decisiones. Incluso podemos aconsejar, predicar o exigir a otros cosas que nosotros mismos no practicamos.
“No hacemos nada a escondidas ni tratamos de engañar a la gente; por el contrario, decimos la verdad delante de Dios.” — 2 Corintios 4:2
Jesús dijo: “Una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). Si tenemos responsabilidades sobre personas o recursos, nuestra conducta importa. Ser transparente no significa contarle todo a todo el mundo; significa no necesitar del engaño para proteger nuestra reputación.
La verdadera integridad aparece cuando nuestros contratos, cuentas, decisiones, conversaciones y relaciones pueden soportar la luz. No basta con hacer algo que nadie pueda descubrir; debemos hacer aquello que no temeríamos que fuera descubierto.
Por eso, antes de actuar, podríamos preguntarnos: ¿Haría lo mismo si todos pudieran verlo?
"Vivamos de día de una manera que nos permita dormir tranquilos de noche".