Una mañana fría con un cielo nublado me encontraba supervisando una construcción vi en el edificio de al lado un muro de ladrillo que a primera vista, parecía recto y bien aplomado, me llamó la atención porque para mí solo faltaba limpiarlo y quedaría perfecto, avanzó el día y me fije de nuevo en el muro, a esta hora el cielo ya estaba despejado, se filtró un rayo de sol por la parte superior del muro que hizo que notara que estaba muy equivocado respecto a mi valoración inicial, ya que la luz me mostró su verdadera condición, ya que el muro estaba desplomado e irregular con algunos ladrillos más salidos que otros.
Esto me hizo pensar inmediatamente en que nosotros podemos compararnos con ese muro y pensar que estamos bien, casi perfectos, (sin errores o muy pocos), pero
“solo cuando somos expuestos a la luz, es cuando logramos ver nuestros defectos”
esa luz como lo dice la biblia en Juan 8:12 no es algo, ¡es alguien!, “ Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida”. Jesús, es el que nos mostró con sus enseñanzas y sus obras, que tan imperfectos somos y cuán necesario es que lo aceptemos como nuestro salvador porque es nuestra única esperanza. Romanos 3:20 dice “porque por las obras de la Ley ningún ser humano será justificado delante de él, ya que por medio de la Ley es el conocimiento del pecado” y Jesús nos dejo claro en Mateo 5:17… “no he venido a anular la ley sino a cumplirla”, la ley cumplida a través de la vida sin pecado de Jesús en la tierra nos marca el camino que debemos seguir y nos muestra la condición en la que estamos según nuestra exposición a él.
Pablo nos advierte en 1 Corintios 10:12 “el que piense estar firme, mire que no caiga”.
En Amós 7:7-8 Dios le muestra al profeta como el aplica la justicia a los que ya son consientes de su condición, usando la analogía de la plomada de albañil, refiriéndose a que el Ingeniero y constructor del universo evalúa la rectitud del muro, es decir el comportamiento de su pueblo, y advierte que no tolerará un muro que no este recto, ya que por medio de la luz Dios nos ha hecho conocer nuestras fallas y no “espera” algo que no podamos lograr porque
“Bueno y recto es Jehová; por eso les muestra a los pecadores el camino” (Salmos 25:8)
por medio de el que dijo: “Yo soy el camino la verdad y la vida.” Es indispensable entender que el llamarnos cristianos implica que debemos seguir el ejemplo de Jesús y buscar ser “muros” rectos, porque ya entendemos cuales son nuestros errores, por lo tanto debemos reconocerlos con humildad y esforzarnos por que cada cosa que hagamos glorifique a Dios, recordando que nuestro cuerpo es templo del espíritu santo tanto en lo físico, como en lo mental y espiritual anhelando cada día como el Rey Salomón poder decir
“Yo te he edificado una casa por morada, un sitio en que tú habites para siempre.” (1 reyes 8:13)