Una lectura inicial de la primera carta escrita por el apóstol Pablo a los hermanos de Corinto nos hace reflexionar acerca de las siguientes ideas centrales:
- La iglesia de Corinto se está fragmentando en facciones, algo muy propio de las sociedades que viven en grandes ciudades.
- La raíz del problema, acorde a lo escrito por Pablo (1 Cor 1:10-17), radica en que estos "cristianos" han olvidado que el centro del evangelio es Cristo.
- En esta sociedad grecorromana, tal vez muy cercana al secularismo moderno, existía un profundo arraigo a la búsqueda de conocimiento a través del estudio de los "fenómenos naturales" (1 Cor 1:18-31).
- También está de manifiesto que Pablo enfrentó la oposición de sus propios correligionarios; los judíos ejercieron una feroz oposición a su ministerio en Asia Menor.
Hasta aquí, podemos hacer un símil con lo que vivimos en la actualidad. Hemos fragmentado el mundo en dos bandos: uno "secular" que no acepta la existencia de nuestro Dios, y otro "cristiano/religioso" que quiere obligar al mundo entero a aceptarla.
Ambos bandos son sumamente peligrosos, pues van en contravía de las enseñanzas bíblicas. El primero, "secular/ateo", busca obligar a todas las mentes a abandonar la idea de Dios o cualquier concepto semejante, para reemplazarlo por el culto a la "razón". El segundo, el "religioso/deísta", no es menos peligroso, ya que también desea constreñir las mentes para que acepten la existencia de la divinidad a la que profesan culto.
Aquí enfrentamos un grave dilema ético: todo ser humano nace con la libertad de elegir, y esa libertad se ejerce porque tenemos conciencia de su existencia. Es parte de nuestra naturaleza ser conscientes de nuestra libertad, lo que nos otorga la capacidad de elegir.
La lucha que han librado miles de las mentes más brillantes a lo largo de la historia ha sido en nombre de la libertad. Desde el pensador heleno Sócrates hasta el reverendo bautista Martin Luther King, todos han luchado para que ese derecho inalienable, con el que hemos sido dotados, pueda ser ejercido libremente por cada ser humano.
Y aquí reside la gran paradoja: hoy, los seguidores de Sócrates (secularismo/ateo) y los correligionarios de King (religiosos/deístas) trabajan para cercenar la libertad que tanto dicen defender.
Ejemplos hay por miles. Durante la Revolución Francesa, tras siglos de excesos perpetrados por las autoridades religiosas, los revolucionarios prohibieron la religión; los mismos defensores de la libertad la coartaron contra quienes creían en Dios y ejercían su fe.
Por otro lado, durante la consolidación del Estado norteamericano en los siglos XIX y XX, se dio un movimiento conocido como "el prohibicionismo". A pesar de que sus impulsores habían sido víctimas del poder estado-iglesia en Europa —razón por la cual emigraron al nuevo mundo—, intentaron mediante leyes absurdas doblegar las conciencias de quienes no profesaban la fe cristiana, obligando a todos a guardar el domingo y a abstenerse de consumir bebidas alcohólicas. En resumen, querían abolir el derecho a elegir, incluso el derecho a elegir mal.
En conclusión, enfrentamos un problema grave. Estamos en medio de una batalla cultural donde se promueve la negación de un pilar de la existencia humana: el derecho a elegir, es decir, la libertad. Me atrevo a afirmar que ese derecho, que tanto costó obtener, hoy está seriamente amenazado. Lo más irónico es que es atacado precisamente por quienes dicen ser sus más fieles defensores.
Hoy es perentorio que cada alma que habita este planeta ejerza, libremente y con plena conciencia, su derecho a elegir. Cada uno debe hacerse responsable de este derecho; no podemos seguir siendo borregos que no discuten ni ponen en entredicho lo que se les impone.
Es urgente que cada uno prepare su mente para esta batalla cultural, donde lo que está en juego no es ni más ni menos que nuestra libertad y por ende, nuestra salvación. ¡Es momento de luchar!