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Liderazgo

Colombia llora...

Jaime Joseph
Jaime Joseph
Aug 14, 2026 · 2 min de lectura
Colombia llora...
Colombia llora. La tierra movió sus entrañas y muchas familias quedaron vacías, desamparadas y desorientadas después del terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto de 2026, con epicentro en el Chocó.

«Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.» Mateo 24:7

Hace pocas semanas, Venezuela también había sufrido un devastador doble terremoto. Estos acontecimientos nos recuerdan cuán frágil puede ser la seguridad humana.

La ciencia explica los terremotos mediante el movimiento de las placas y las fallas de la Tierra; pero, para el creyente, la tragedia también invita a una reflexión espiritual. La Biblia dice: «Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora» (Romanos 8:22). Mateo 24:7 habla de terremotos en diferentes lugares, e Isaías 29:6 menciona terremotos y gran estruendo.

«La Tierra es la máquina de pinball de Dios y cada terremoto, maremoto e inundación es el resultado de una inclinación.» Tom Robbins

Vivimos buscando comodidad, seguridad, placer y entretenimiento. Termina un acontecimiento y comienza otro; pasan las noticias y repetimos: «la vida continúa». Pero basta que alguien grite: «¡Está temblando!», para que todo cambie. Los edificios se mueven, las lámparas chocan, los cuadros caen, la electricidad falla y aquello que parecía seguro deja de serlo.

Por eso, mientras tengamos oportunidad, lloremos con los que lloran, ayudemos al necesitado, reconciliémonos con quienes nos rodean y busquemos a Dios.

Cuando la tierra se mueve, necesitamos algo que permanezca firme. El salmista lo expresó así:

«Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida.» Salmo 46:1-2

En medio de los escombros todavía aparecen historias de vida, rescate y esperanza. Porque la tierra puede temblar, nuestras seguridades pueden desaparecer y nuestra fe incluso puede flaquear; pero Dios nunca deja de ser Dios.

La tierra gime, pero la promesa permanece.

Si así lo sientes, di: ¡Amén!

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